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martes, 23 de febrero de 2016

EL INICIO DEL FINAL

EL INICIO DEL FINAL
Justo allí me sentí en la gloria
Sus manos rozaron mi alma, el más erótico sentir de mi alma
No es algo común que el roce de unas manos fuertes y tentadas
Ericen la piel de tal manera, no hubo restricción alguna para el placer
Cada gemir y gota de sudor fueron justo eso que te muestra que en la vida
No vuelve a pasar algo igual, o por lo menos no al mismo nivel de éxtasis
Entonces, ya no tendría sentido o mayor impresión otra experiencia que proponga ser igual o mejor que aquella
De él no se mucho, pero esa mañana me conto beso a beso mil historias calladas
Con cada caricia sentí sus desvelos y sus miedos alejarse mientras sonreía
Su mirada era tensa, sin embargo no era fría cada tristeza y alegría atravesó en sus ojos
Y después nada, solo estaba extasiado y la lujuria se seguía creciendo
Después de tanto y nada, nada porque cuando todo termina
 Existe la leve duda si volverá a suceder y todo lo magno
Se vuelve tan efímeramente diminuto que te das cuenta
Finalmente que todo fue el inicio del final, inconcluso final…


Autora: Paola Granja

domingo, 7 de febrero de 2016

DOSIS EXTRAS


Esas dosis extras de locura que permito en mí solo cuando se, que se acercan noches de melancolía, recuerdos añejos de tanto guardarlos, imágenes inéditas de un presente un tanto amargo y la leve angustia del mañana después de una larga noche sin dormir realmente tu sonrisa será convincente para demostrar que nuevamente estas bien.

PAOLA GRANJA
¿EL EQUIPO DE FÚTBOL PUEDE SER UN AMOR ETERNO?

Me preguntaron sobre el amor eterno, y respondí sin vacilar el nombre de mi equipo de fútbol; aquel personaje que me hizo la pregunta entre intrigado y fascinado volvió a preguntar ¿Por qué tu equipo? Respondí tajante y sin titubear porque me enamore, y no con estrellas en su camiseta, ni por jugadores reconocidos, tampoco por los trofeos o títulos obtenidos, me enamore en una tribuna llamada sur la famosa popular donde en cuerpo y alma se corean cánticos que solo se pueden cantar a los más grandes. El escudo representa historia, gloria y pasión; la camiseta es la armadura de miles de guerreros que dan su vida sin importar por ella, no me enamore de jugadores, de directivas u otros hinchas. Me enamore de los colores, lo que representa ese equipo, esa camiseta, ese escudo.
Y como no fijarlo como mi amor eterno, si desde que nací ya hacia parte de mi vida; me crié viendo sus partidos en una pequeña sala de una humilde casa en algún lugar de mi bello país, junto a mi abuela paterna que domingo a domingo emocionada por el encuentro prendía su televisor, ajustaba el volumen y ahí donde vinieran a interrumpir con un mal comentario sobre el equipo de sus amores así el marcador estuviera en contra, ya sabían a que se atenían; justo allí espese a quererlo y alentarlo de la forma en que solo mi abuela podía transmitir tal pasión; con el vigor de los años empezó la colección de objetos y camisetas de todas las épocas, vestirla era un orgullo. Con la madures que solo la vida a punta de golpes enseña, el amor creció y los triunfos fueron sonrisas y orgullo de relucir, las derrotas amargos tragos de lágrimas rodar por la mejilla, las finales significaron tocar el cielo levemente con la yema de los dedos y las goleadas que más alegría mía.
Y en la época de la juventud, justo ahí cuando rozas la adultez esa que te lleva a los hijos y formar una familia, tan seguramente pasar a tu equipo al segundo plano decidí convertirlo en mi amor eterno, ese inexplicable sentimiento que solo otro amante del fútbol entendería, que solo otro hincha devoto de aquel loco amor podría compartir y entender. Justo allí cuando la adolescencia más se alejaba y las responsabilidades entraban a jugar un papel más importante en la vida, decidí jurar amor eterno al amor de mis amores, al que me  hizo reír, llorar, enojarme, el mismo que con goles me erizo la piel, con finales me lleno de orgullo, en penaltis me enmudeció el alma y con triunfos puso a gritar la garganta hasta dejarla sin aliento, y ese, ese es mi amor eterno.

Autora: PAOLA GRANJA


LA ELEGÍ A ELLA, O ELLA A MI


Y así me seguí enamorando entre ojeras discretas y desvelos dispersos, a medida que de escalón subía esto más me exigía. Constancia y mucho amor a una carrera que al parecer no elegí, pero ella a mí sí.
Y entonces qué sentido tendría enamorarme de mi profesión si yo ni la elegí, medite varias noches de insomnio hasta que al fin comprendí que no cualquiera se le mide hasta carrera, no cualquiera la sabe ejercer y no a cualquiera se le puede decir doctor así tenga el diploma colgado en la casa.
El primer día de clase incesante y consiente comprendí entre una nerviosa sonrisa que le sacaría el jugo a todo lo que aprendería, las leyes y elocuente palabreo serian mi arma letal, qué más da si cada escalón se pondría más difícil, y que más da si las notas te desanimaban. Era lo que yo quería y era por lo que lucharía; la causa de mis desvelos no ha sido un hombre, tomar café a la madrugada no era para calmar los nervios, pasar horas en el computador y no navegando en redes sociales me llevaban a pensar que definitivamente esto estaba hecho para mí.
Tal vez la familia aun no me veía como la gran abogada que algún día seré, ni siquiera en la insípida forma de a veces vestir, tal vez los amigos que te conocen de años no te escuchan aun el discurso de abogada convincente pero al final todos ellos, incluso los profesores que me exigieron como exprimiendo un limón saben que hay algo en mí; esa chispa de una adolecente testaruda que sueña con ser una abogada de nombre y no de renombre.
Esa que llevara cada caso como si fuera el primero, la que hará del café y las noches de lluvia su mejor entorno de trabajo, la que sacudirá tribunales y donde este con paso firme, la misma aportara un grano para cambiar la percepción ambigua y cerrada del “abogado ladrón” recordándole a aquel cliente que así como resolvemos su duda o problema en breve, cuando nos apasionamos y entregamos todo por un caso es porque el esfuerzo y sacrificio para llegar a ser lo que es, no fue premio de un concurso de tv.


Autora: Paola Granja



EL SUR  TAMBIÉN EXISTE


Con su ritual de acero
sus grandes chimeneas
sus sabios clandestinos
su canto de sirenas
sus cielos de neón
sus ventas navideñas
su culto de dios padre
y de las charreteras
con sus llaves del reino
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
el hambre disponible
recurre al fruto amargo
de lo que otros deciden
mientras el tiempo pasa
y pasan los desfiles
y se hacen otras cosas
que el norte no prohibe
con su esperanza dura
el sur también existe

con sus predicadores
sus gases que envenenan
su escuela de chicago
sus dueños de la tierra
con sus trapos de lujo
y su pobre osamenta
sus defensas gastadas
sus gastos de defensa
con sus gesta invasora
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cada uno en su escondite
hay hombres y mujeres
que saben a qué asirse
aprovechando el sol 
y también los eclipses
apartando lo inútil 
y usando lo que sirve
con su fe veterana
el Sur también existe

con su corno francés
y su academia sueca
su salsa americana 
y sus llaves inglesas
con todos su misiles 
y sus enciclopedias
su guerra de galaxias
y su saña opulenta
con todos sus laureles
el norte es el que ordena

pero aquí abajo abajo
cerca de las raíces
es donde la memoria
ningún recuerdo omite
y hay quienes se desmueren
y hay quienes se desviven
y así entre todos logran
lo que era un imposible
que todo el mundo sepa
que el Sur también existe

Mario Benedetti
ESTE ADIÓS ME TOCO EL ALMA

Este adiós me toco el alma, y no pensé en los recuerdos, ni en los planes del futuro, pensé en los quebrantos de mi alma; respire profundo, intente pasar saliva con el nudo a diestra me levante de la silla donde permanecí inmóvil más de veinte minutos y me dirigí a la parte trasera de la casa.
 No pude musitar palabra al cielo aunque fue lo que intente salió una lagrima tras otra sin poderlas detener, que me pasaba siempre fuerte, sonriente y sagaz ¿acaso algo me dolía? Y si, era el corazón. Lo sentía roto  en mil pedazos, aun así lo sentía latir fuerte y temeroso de que iba a pasar; sentí las inmensas ganas de gritar al cielo, o bueno al Dios al que todos acudimos cuando la vemos gris, cuando la enfermedad asecha, o frecuentemente cuando nos han lastimado el corazón.

Me senté en ese "murito" corto de la terminación del corredor, reñí con mi doncella interior y seque mis lágrimas para examinar la situación sin que recordarla se hiciera más dolorosa; acaso me enorme, será por ello que tal noticia me había hundido tanto sintiéndome la víctima de una mala comedia dramática. Encendí un cigarrillo y observe unas manos temblorosas, producto de un furor intenso en mi interior; recapitule la situación y me di cuenta no solo que me había enamorado, sino que había sido la antagonista de una historia de amor de largos años en la que llegue inoportunamente sin saberlo y hoy me enteraba de tan vil acto cometido por el protagonista de esta repetitiva historia de amor.

Este adiós me toco el alma, porque mientras la dignidad y el orgullo prime sobre mi alma, no habrá amor grande que pueda revertir tan dura decisión; decidí alejarme y no de todos sino de él, causante de lágrimas sinceras, reprimidas y profundas que jamás había sentido brotar en mi ser, y acaso no sería más dura la experiencia si me cuestionara y terminara culpándome por tan dura situación.

Y bueno, los para siempre no son eternos y esa historia no es nueva de contar, pero este adiós me toco el alma y en el corazón habrá una huella que jamas se borrara; vendrán amores buenos, y otros tanto querrán jugar, pero la vida te previene, los amores te enseñan, y Dios siempre te escuchara en los despechos una y otra vez…
Escrito con el corazón roto, el alma en pena y el infortunio en la puerta. 

PAOLA GRANJA