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domingo, 7 de febrero de 2016

¿EL EQUIPO DE FÚTBOL PUEDE SER UN AMOR ETERNO?

Me preguntaron sobre el amor eterno, y respondí sin vacilar el nombre de mi equipo de fútbol; aquel personaje que me hizo la pregunta entre intrigado y fascinado volvió a preguntar ¿Por qué tu equipo? Respondí tajante y sin titubear porque me enamore, y no con estrellas en su camiseta, ni por jugadores reconocidos, tampoco por los trofeos o títulos obtenidos, me enamore en una tribuna llamada sur la famosa popular donde en cuerpo y alma se corean cánticos que solo se pueden cantar a los más grandes. El escudo representa historia, gloria y pasión; la camiseta es la armadura de miles de guerreros que dan su vida sin importar por ella, no me enamore de jugadores, de directivas u otros hinchas. Me enamore de los colores, lo que representa ese equipo, esa camiseta, ese escudo.
Y como no fijarlo como mi amor eterno, si desde que nací ya hacia parte de mi vida; me crié viendo sus partidos en una pequeña sala de una humilde casa en algún lugar de mi bello país, junto a mi abuela paterna que domingo a domingo emocionada por el encuentro prendía su televisor, ajustaba el volumen y ahí donde vinieran a interrumpir con un mal comentario sobre el equipo de sus amores así el marcador estuviera en contra, ya sabían a que se atenían; justo allí espese a quererlo y alentarlo de la forma en que solo mi abuela podía transmitir tal pasión; con el vigor de los años empezó la colección de objetos y camisetas de todas las épocas, vestirla era un orgullo. Con la madures que solo la vida a punta de golpes enseña, el amor creció y los triunfos fueron sonrisas y orgullo de relucir, las derrotas amargos tragos de lágrimas rodar por la mejilla, las finales significaron tocar el cielo levemente con la yema de los dedos y las goleadas que más alegría mía.
Y en la época de la juventud, justo ahí cuando rozas la adultez esa que te lleva a los hijos y formar una familia, tan seguramente pasar a tu equipo al segundo plano decidí convertirlo en mi amor eterno, ese inexplicable sentimiento que solo otro amante del fútbol entendería, que solo otro hincha devoto de aquel loco amor podría compartir y entender. Justo allí cuando la adolescencia más se alejaba y las responsabilidades entraban a jugar un papel más importante en la vida, decidí jurar amor eterno al amor de mis amores, al que me  hizo reír, llorar, enojarme, el mismo que con goles me erizo la piel, con finales me lleno de orgullo, en penaltis me enmudeció el alma y con triunfos puso a gritar la garganta hasta dejarla sin aliento, y ese, ese es mi amor eterno.

Autora: PAOLA GRANJA


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